Eduardo Galeano.Los niños ricos: en la burbuja del poder y del miedo
En el océano de los que necesitan, las islas que más tienen tienden a convenirse en lujosos campos de concentración, donde los poderosos solo se encuentran con los poderosos y nunca pueden olvidar, ni por un ratito, que son poderosos. En algunos de las grandes ciudades latinoamericanas, donde los secuestros se han hecho costumbre, los niños ricos crecen encerrados dentro de la burbuja del miedo. Habitan mansiones amuralladas, grandes casas o grupos de casas rodeadas de cercos electrificados y guardias armados, y están día y noche vigilados por los guardaespaldas y por las cámaras de los circuitos cerrados de televisión. Viajan, como el dinero, en autos blindados. No conocen más que de vista, la ciudad donde viven.
Descubren el subterráneo en Paris o Nueva York, pero jamás lo usan en Sao Paulo o en la ciudad de México. Ellos no viven en la ciudad donde viven. Tienen prohibido ese vasto infierno que acecha su minúsculo cielo privado. Más allá de las fronteras del privilegio, se extiende una región del terror donde la gente lucha, es fea, sucia y peligrosa. En plena era de Globalización, los niños ricos no pertenecen a ningún lugar. Crecen sin raíces, despojados de identidad nacional, y sin más sentido social que la certeza de que la realidad es una amenaza. Tienen por patria las marcas de prestigio universal y por lenguaje los códigos internacionales. Los niños ricos de las ciudades más diversas se parecen en sus costumbres, tanto como entre sí se parecen sus shopping centers y los aeropuertos, que están fuera del tiempo y del espacio. Educados en la realidad virtual, los niños ricos se deseducan en la ignorancia de la realidad real, que solo existe para ser temida o para ser comprada.
Desde que nacen son entrenados para el consumo y para la fugacidad, y transcurren la infancia comprobando que las maquinas son mas dignas de confianza que las personas. Fast Food, Fast cars, Fast life: mientras esperan que llegue la hora del ritual de iniciación, cuando el primer Jaguar o Mercedes les sea regalado, ellos ya se lanzan a toda velocidad compiten en las pantallas electrónicas y a toda velocidad devoran imágenes y mercancías haciendo zapping y haciendo shopping.
Los niños pobres: la pobreza como delito
Mientras tanto, mucho antes de que los niños dejen de ser niños y descubran las drogas caras que aturden la soledad y enmascaran el miedo ya los niños pobres están aspirando pegamento. Mientras los niños ricos juegan a la guerra con balas de rayos láser, ya las balas de plomo acribillan a los niños de la calle. Algunos expertos llaman ?niños de escasos recursos? a los que disputan la basura con los buitres en los suburbios de las ciudades. Según las estadísticas, hay setenta millones de niños en estado de pobreza absoluta, y cada vez hay mas en esta América Latina que fabrica pobres y prohíbe la pobreza. Entre todos los rehenes del sistema, ellos son los que peor lo pasan. La sociedad los exprime, los vigila, los castiga, a veces los mata, casi nunca los escucha, jamás los comprende.
Nacen con las raíces al aire. Muchos de ellos son hijos de familias campesinas, que han sido brutalmente arrancadas de la tierra y se han desintegrado en la ciudad. Entre la cuna y la sepultura, el hambre o las balas abrevian el viaje. De cada dos niños pobres uno trabaja, deslomándose a cambio de la comida o poco mas: vende chuchearías en las calles, es la mano de obra gratuita de los talleres y las cantinas familiares, es la mano mas barata de las industrias de exportación, que fabrican zapatillas o camisas para los grandes tiendas del mundo. ¿Y en otro? De cada dos niños pobres, uno sobra. El mercado no lo necesita. No es rentable, ni lo será jamás. Y quien no es rentable, ya se sabe, no tiene derecho a la existencia. El mismo sistema productivo que desprecia a los viejos, expulsa a los niños. Los expulsa y les teme. Desde el punto de vista del sistema la vejez es un fracaso pero la infancia es un peligro.
En muchos países latinoamericanos, la hegemonía del mercado esta rompiendo los lazos de solidaridad y esta haciendo trizas el tejido social comunitario. ¿Qué destino tienen los dueños de nada en países donde el derecho de propiedad se esta convirtiendo en el único derecho sagrado? Los niños pobres son los que mas ferozmente sufren la contradicción entre una cultura que manda consumir y una realidad que lo prohíbe. El hambre los obliga a robar o prostituirse pero también los obliga la sociedad de consumo, que los insulta ofreciendo lo que niega. Y ellos se vengan lanzándoles al asalto. En las calles de las grandes ciudades, se forman bandas de desesperados unidos por la muerte que acecha. Según la organización human Rights Watch, los grupos parapoliciales matan seis niños por día en Colombia y cuatro por día en Brasil. ¿Y ellas? Hay medios millón de niñas brasileras que venden el cuerpo, casi tantas como en la India y en la Reública Dominicana. La prospera industria del turismo ofrece subasta de niñas vírgenes.


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